Maratón de Berlín 2018 – La crónica

Séptimo maratón y tercer Major… me lo dicen hace unos años y no me lo creo. Conviene mirar atrás de vez en cuando, para no perder la referencia, darle valor a las cosas y seguir avanzando cada día. Lo que empezó siendo un reto, ahora es un camino. Y lo que empezó siendo una afición, ahora también es un soporte vital y una fuente de fuerzas y satisfacciones. Sólo deseo poder seguir haciendo esto muchos años más.

Y no tardo más, os voy a contar la crónica de la carrera:

Como todos los años, el pasado participé en varios sorteos de Majors, a ver si sonaba alguna flauta: Esta vez fue Nueva York, Londres y Berlín, y la suerte me sonrió para el último de ellos. Tengo que reconocer que no es el que más ilusión me hacía en un principio, porque tenía en mente Nueva York, por fechas y por pasar unos días allí…. pero enseguida empecé a mentalizarme para pasar OTRO verano, y ya van no sé cuántos, entrenando para el Maratón anual. Tras las experiencias de Chicago y Amsterdam, tengo que reconocer que tenía más ganas que nunca, y esa sensación de que esta vez sí que iba a tocar pasarlo bien, disfrutar, y que salieran las cosas.

El viaje a Berlín fue realmente relámpago, con el único objetivo de correr la carrera. Llegar el Viernes y volver el mismo Domingo, después de correr. La ciudad ya la conocía y, aunque merece mucho la pena, esta vez iba a lo que iba: Correr. De todas formas, os recomiendo muchísimo visitar Berlín. Es una ciudad muy cómoda, agradable, bonita y, sobre todo, silenciosa. A mi me tiene ganado por el silencio y la calma, que no son esperables en una gran urbe como es Berlín. Os dejo alguna foto de los MUY pequeños paseos que di por el centro de la ciudad:

Y un video de la zona de meta:

 

La feria del corredor digamos que es muy completa y grande, pero no para ser recordada por su belleza. Se hace en un antiguo aeropuerto en el núcleo de la ciudad (Tempelhof), y les sobra la misma cantidad de sitio que gusto les falta para montarla. La organización de la feria no tan buena: El Viernes, la cola para recoger las camisetas pre-pagadas con la inscripción se alargaba hasta 1 hora. Alguna foto de la feria:

El entrenamiento de preparación durante este verano se puede calificar de perfecto. Gracias, de nuevo, al buen hacer de Álvaro, estaba más fuerte que nunca (otra vez, algún año se tendrá que acabar 😉 ). Y no sólo físicamente, sino que estaba muy fuerte también mentalmente. Muy convencido para lograr, a la tercera, bajar de ese 3:20 que tanto se resistía. Este año la preparación del maratón ha sido bastante diferente. Con la buena base que tenía del final de la primavera, la preparación específica ha sido mucho más corta y con la sensación de menos carga que otros años. Además de más divertida.

Así que muy tranquilo y descansado, con la sensación de haber hecho todo bien, llegué al día de la carrera. Tenía el hotel muy cerca de la salida, con lo que el madrugón no fue excesivo (desayunando de 6.30 a 7.00, para ir tranquilamente a la zona de salida y empezar a las 9:15… que luego fueron las 9:25).

La salida de la carrera es (como la meta), en los alrededores de la puerta de Brandemburgo y Tiergarten. La organización es impecable. Indicaciones para localizar tu cajón, amplias calles para llegar, baños muy frecuentes y sin filas…todo perfecto. Y, sobre todo, la amplitud en la zona del cajón para poder hacer un calentamiento decente. De todos los Majors que he corrido, Berlín es sin duda el que más amplitud tiene en la zona de salida para poder calentar bien. Y se agradece.

Como ya os he dicho, el objetivo era bajar de 3:20. Eso quiere decir un ritmo medio de 4:43min/km para ir bien. Lo que tenía muy claro esta vez era hacer el maratón en positivo: La segunda media más rápida que la primera fuera cual fuera el ritmo. Es como me siento más cómodo y el reparto de esfuerzos que me resulta más agradable.

El día salió perfecto de temperatura y ausencia de viento, y se respiraba en el ambiente que era un día adecuado para dar lo mejor de uno mismo. En las presentaciones de los atletas élite que se veían en las pantallas, la ovación a Kipchoge y los comentarios de ánimo del presentador para que lograse marca eran premonitorios del record del mundo que iba a lograr.

La salida no es tan emocionante como en Tokio, con la ceremonia y la posterior lluvia de confetti, o como en Chicago, con el sentimiento que le ponen a su himno nacional. Pero enseguida te das cuenta de lo monumental y amplio del circuito, vislumbrando la Columna de la Victoria y la cantidad de gente que seguirá constante durante el resto de los 42km.

Cuando digo que el Maratón es una carrera complicada, incluso yendo muy bien preparado, es por algo. Es muy complicado que en 42 km. no pasen cosas inesperadas que te hagan reaccionar y cambiar los planes. Y tengo que decir que, de alguna manera, eso me encanta. Saber reaccionar y tener recursos para ello. Si en Chicago fue perder la señal de GPS y el pinchazo posterior, y en Amsterdam fue asumir correr con dolor desde el Km 2., en Berlín lo que pasó, casi nada más empezar, fue tener que prescindir de la cinta con el sensor de pulso: Fue justo ese día cuando se me empezó a mover, bajar y molestar… así que en el km 3., harto de tener que estar pendiente de ella, me la quité. Pero eso no fue lo único: Casi en el mismo km., pasé a ver en el reloj el km 5 cuando estaba pasando por el 4 (con el consiguiente engaño para el resto de la carrera de la indicación de ritmo medio). Sólo pude que reírme y pensar que, afortunadamente, ya había llegado el correspondiente incidente de carrera y que no era tan grave. Las piernas funcionaban y sólo me quedaba correr.

Pese a que no podía fiarme del ritmo medio del reloj, lo llevaba en las piernas. Quiero decir que, cuando entrenas para un objetivo con unas tiradas tan largas como las de preparar el maratón, al final el ritmo objetivo te sale solo. Y ahí que me puse, al ritmo objetivo que me decían las piernas aunque el reloj marcara 10segs/km menos por el error en la distancia.

Los primeros 10 se me pasaron volando y, como siempre, a partir de ahí ya empecé a sentirme mejor. Disciplinado con los avituallamientos de agua y lo planificado para los geles (uno cada 6-7km., más o menos), todo iba perfecto. Disfrutando mucho de la carrera, las amplias avenidas, los ánimos del público y el ver que todo va bien. Siempre guardando fuerzas.

Pese a que el ritmo para 3:20 implica pasar la media maratón en 1:40, yo tenía la sensación de ir un poco más rápido, aunque no estaba pendiente de cada paso kilométrico. Estaba realmente disfrutando de la carrera porque me apetecía y porque notaba que todo iba muy bien. Sabiendo que, si las fuerzas responden, hay mucho tiempo para recuperar o fijarse en el ritmo. Corría alegre, sin mirar el reloj a cada km. Sintiéndome fuerte y guardando. Sin embargo, al llegar a la media maratón, vi que pasaba en 1:40:00 clavado. Ni un británico a la hora del té es más exacto. Ahí me di cuenta de que no iba tan rápido como pensaba. Estaba en tiempos de 3:20, estaba todo controlado, pero el tiempo marcaba que iba un poco más lento de lo que el pálpito me decía. Tenía la sensación de que iba a pasar la media alrededor de 1:38:30-1:39.

En ese momento, confirmé lo que ya tenía en mente, que el objetivo era 3:20 y que era plenamente alcanzable. Digo esto porque, muchos amigos y compañeros que me aprecian demasiado y me han visto entrenar estos meses, repetían el mantra del 3:15 cada vez que me veían… “Estás para 3:15!!!”, era la frase. A nadie le amarga un dulce, y es verdad que, honestamente, no lo veía como objetivo pero sí para poder acercarme lo mismo que al 3:20, si todo iba bien. Pero el reloj y la carrera me pusieron en el sitio que tenía que estar ese día: Alcanzar, al tercer intento, ese sub 3:20.

Así que, en realidad, el 1:40:00 milimétrico de la media maratón me hizo el favor de darme el convencimiento y la confianza necesarios para ir a por ese objetivo y borrar cualquier otro. Poco a poco, estando todavía fuerte y siempre guardando, fui incrementando el ritmo y vi llegar el 25, el 30, el 35…. siempre adelantando a muchísima gente en esta parte de la carrera. Es curioso ver cómo siempre renta guardar en la primera parte, y cómo anima ver que, además de tener fuerzas, la estrategia de la carrera va saliendo bien.

A partir del 35 el cansancio se hizo más evidente, pero simplemente era lo esperado, nada excesivo ni que me hiciera bajar el ritmo drásticamente. Mantener la cabeza fría para seguir bebiendo y acabando los geles como estaba planeado era lo único que me ocupaba en esos kilómetros, no bajar la guardia para seguir tan bien como el resto de la carrera. Y casi sin darme cuenta, tras una de las pocas curvas del circuito y al fondo de una larga recta, apareció la Puerta de Brandemburgo. Traté de apretar un poco, de cambiar el ritmo para apurar al máximo, pero no pude mucho más… Estaba en tiempo de bajar de 3:20, y eso quizás ‘ayudó’ a que la cabeza dijera que no podía más… A lo mejor si hubiera ido más justo sí que hubieran surgido fuerzas, pero daba igual ya. Así que muy muy contento crucé la meta de mi séptimo maratón con mi mejor tiempo, 3:18:34. Me ha costado 3 años, 3 planes, 3 veranos entrenando y 126 kilómetros intentándolo en 3 ciudades. Pero por fin lo tengo.

Alguna foto de la carrera:

Un video de la llegada:

Y los tiempos de paso:

 

Y ahora las reflexiones post-carrera, que han ido posandose tranquilamente durante los días posteriores:

  • En este Maratón me ha dado la impresión de que ha sido todo muy obvio y evidente… que ha ido todo como estaba previsto (salvo el pequeño incidente del pulsómetro) y que, en ese sentido, ha sido un poco “soso”. No en plan queja, sólo faltaba. Pero haber tenido 2 años con maratones, digamos, con incidentes (lo cual no es nada raro), te da una sensación de que lograr esa ‘normalidad’ es todo un éxito. Además de poner en práctica el aprendizaje de todo lo anterior.
  • Sin embargo, no creo que recuerde más este maratón que el pinchazo de Chicago o la penuria de correr lesionado en Amsterdam. Esto me reafirma en que lo bonito es la experiencia, pese a que a que todas las carreras les pongamos un objetivo, se cumpla o no.
  • A lo mejor es un espejismo pero, tras 7 maratones con muy distintas experiencias en cada uno de ellos, creo que le voy cogiendo ya la medida a esta carrera. Y eso es respetarla mucho, saber que lo normal es que las cosas no sean ‘normales’ y que surjan incidentes. Pero también saber llevarlos para hacer todo lo que se puede hacer en cada circunstancia. Saber gestionar tanto las penurias como la abundancia.
  • Estoy muy contento con mi marca, pero mucho más satisfecho con haber cumplido un reto a la tercera, para poder valorarlo mejor y ponerlo en su sitio.

¿Y ahora, qué? Pues seguir disfrutando de correr, seguir a por el reto de los 6 Majors, seguir valorando cada logro en cada carrera y seguir mejorando hasta donde llegue. Como decía al principio, revisar los inicios hace que valoremos dónde estamos y que no podamos decir hasta dónde llegaremos, porque esto es un camino para disfrutar.

 

Y ya para acabar, unos agradecimientos de justicia, porque sin ellos no hubiera sido posible:

Para los compañeros y amigos de RunninZgZ con los que comparto entrenamientos, charlas y cervezas cuando toca. Ya sabéis quiénes sois, la motivación para vestirse y salir al parque a compartir esos momentos con vosotros.

Para Álvaro, que ya no sé qué más decir de ti. Que entrenarme y saber lo que puedo hacer mejor que yo mismo es sólo una parte. Que toda la implicación que tengo viene para devolvértela, y que de todo lo que disfruto y aprendo en este deporte eres muy culpable.

Y sobre todo para mis padres y Rodrigo, que me ayudan y me apoyan y me lo ponen muy fácil para poder preparar estos retos locos de su hijo / su padre.

Toca descanso mental, disfrutar de la Behobia de este año, y pensar ya en el que viene….

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2 comentarios en “Maratón de Berlín 2018 – La crónica

    • Hola Paula!! Muchas gracias! Pues sí, ayer estuve en la Behobia, como todos los años. Y muy bien, ya lo contaré por aquí 😉 Qué guay la montaña… yo no sé si lo probaré, me encanta la montaña, pero de senderismo y paseo, no me veo corriendo. Aunque al final igual me convencéis entre todos. Un abrazo!!

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